La tensión en esta mansión es palpable desde el primer segundo. Mientras unos beben vino y fingen normalidad, otros reciben llamadas que cambian el rumbo de la noche. La llegada de la chica al gimnasio rompe la rutina del boxeador, y ese intercambio de miradas dice más que mil palabras. Cada día los deja en ridículo con giros tan elegantes como crudos. El contraste entre el lujo exterior y las emociones contenidas crea una atmósfera adictiva. ¿Quién traiciona a quién? Todo parece estar conectado por hilos invisibles.