La tensión entre el padre y el hijo es palpable desde el primer segundo. La joven en el medio parece ser el puente emocional que une a ambos, y su sonrisa al final es un alivio tras tanta carga dramática. Cada día los deja en ridículo muestra cómo los malentendidos pueden destruir relaciones, pero también cómo el amor familiar puede sanarlas. La actuación del padre, con esa mirada de arrepentimiento, es simplemente brillante. Un episodio que te deja pensando en tus propias relaciones familiares.