La escena inicial con la madre sonriente contrasta brutalmente con la llegada de la hija rebelde. El padre intenta mediar, pero la química entre las dos mujeres es pura electricidad estática. Me encanta cómo Cada día los deja en ridículo maneja estos silencios incómodos que gritan más que los diálogos. La llamada telefónica al final deja un momento de suspenso perfecto que me tiene enganchado esperando el próximo episodio. ¡Qué drama tan bien construido!