La tensión en el asiento trasero es palpable desde el primer segundo. Ver cómo él lee ese informe con el ceño fruncido y ella intenta consolarlo crea una dinámica emocional muy potente. El momento en que se toman de las manos y él la abraza fuerte demuestra que, más allá de los problemas, hay un vínculo inquebrantable. La actuación es tan natural que te hace sentir como un espía en el coche. Definitivamente, escenas así son las que hacen que Cada día los deja en ridículo sea tan adictiva de ver. La química entre ellos es eléctrica y el final abierto deja con ganas de más.