La tensión en este episodio de Soy mi propia sustituta es insoportable. Ver al protagonista en el escenario, con esa mirada perdida mientras recuerda a la chica en la jaula, rompe el corazón. La edición entre el concierto y los recuerdos de la piscina crea una atmósfera de angustia perfecta. No es solo un drama romántico, es un suspenso psicológico disfrazado de gala musical. La actuación del chico transmitiendo dolor sin decir una palabra es magistral. Definitivamente, esta serie en la plataforma tiene un nivel de producción que engancha desde el primer segundo.