La tensión en esta escena de Soy mi propia sustituta es absolutamente palpable. Ver cómo él la acorrala contra la pared del hospital con esa mirada intensa mientras ella lucha entre el miedo y el deseo es puro fuego. Los primeros planos capturan perfectamente la vulnerabilidad de ella y la obsesión de él. Ese momento en que sus manos sostienen su rostro con tanta posesividad... ¡uff! La química entre los actores es eléctrica y te hace querer gritarles que se besen ya. La ambientación clínica contrasta genial con la pasión desbordada. Definitivamente una de las mejores escenas que he visto en la aplicación Netshort, te atrapa desde el primer segundo y no te suelta hasta el final.