¡Qué tensión! Ver a la protagonista en su vestido blanco siendo empujada al agua mientras él salva a la otra es desgarrador. La escena de la piscina en Soy mi propia sustituta muestra perfectamente el triángulo amoroso tóxico. La actuación de la chica en el agua transmite una desesperación real que te hace querer gritarle al protagonista por su ceguera emocional. Un final devastador con ella sola en el flotador.