La tensión en Soy mi propia sustituta es insoportable. Ver cómo él la protege con su abrigo y luego llega ese hombre con guardaespaldas... ¡qué giro! La mirada de ella pasa de la felicidad al terror en segundos. Esos detalles de poder y sumisión me tienen enganchada. No puedo dejar de verla.