La tensión en Soy mi propia sustituta es insoportable. Ver cómo esos hombres irrumpen en su hogar y la empujan al suelo mientras rompen todo da mucha rabia. La cara de miedo de ella al ver la nota de deuda es desgarradora. Es una escena muy fuerte que te deja con el corazón en un puño por la injusticia.