La tensión en esta escena de Soy mi propia sustituta es insoportable. Ver cómo él la lleva a la cama con esa mezcla de posesividad y ternura me tiene al borde del asiento. Pero cuando suena el teléfono con el nombre de Santiago, todo cambia. La forma en que él lo ignora y la besa mientras ella mira el celular con angustia... ¡qué conflicto emocional! Los detalles como el pez dorado observando todo añaden una capa simbólica hermosa. Esta serie sabe cómo jugar con nuestras emociones.