La tensión en Soy mi propia sustituta es insoportable. Ver a Bai Weiwei en ese vestido blanco observando cómo su pareja abraza a Isabella Morales en las escaleras duele en el alma. La mirada de dolor de ella contrasta con la frialdad de él. Esos celos y la traición a plena vista crean un drama visual perfecto que te deja sin aliento.