Ver a esos generales comiendo pasteles mientras desatan el caos es aterrador. La escena en el estadio de La fortaleza sin guardián muestra una crueldad fría y calculada. Los monstruos mecánicos son aterradores, pero la verdadera maldad está en esos rostros sonrientes brindando con vino. El contraste entre la elegancia y la masacre me dejó sin aliento.