La escena inicial en el mercado es tan pacífica que duele ver cómo todo se desmorona después. La transformación de ese pequeño ser en una bestia aterradora me dejó sin aliento. En La fortaleza sin guardián, la tensión se construye con maestría, pasando de la ternura al horror en segundos. Los personajes principales muestran una determinación feroz ante el caos. ¡No puedo esperar a ver qué sucede cuando ese hombre de cabello blanco decida intervenir!