La tensión en la sala es insoportable. El general rubio pierde los estribos gritando como un loco, mientras la jueza intenta mantener el orden con autoridad. Me encanta cómo cambia la dinámica cuando entran los guardias con esas lanzas eléctricas. En La fortaleza sin guardián, la mezcla de drama legal y acción futurista es adictiva. El chico de pelo plateado sonríe con misterio al final, dejando claro que él tiene el control real. ¡Qué giro tan inesperado!