La transformación del rey en La fortaleza sin guardián es brutal y fascinante. Ver cómo el poder corrompe hasta convertirlo en un monstruo con ojos rojos y garras afiladas da escalofríos. Los consejeros, antes sumisos, ahora huyen despavoridos mientras él ruge como bestia desatada. La escena del salón destrozado y los cuerpos cayendo en cámara lenta es puro cine de terror político. Y luego, ese trío volando hacia el horizonte… ¿ángeles vengadores? No lo sé, pero me tienen enganchada.