La tensión entre las dos mujeres es palpable desde el primer segundo. La elegancia de la joven en negro contrasta con la frialdad calculada de la mujer mayor, quien desliza un cheque como si fuera un arma. Cada mirada, cada gesto de las manos apretadas sobre la falda, grita más que mil palabras. En Mi novio es un hombre lobo, los dramas familiares siempre tienen este toque de lujo y dolor contenido. La escena final con el hombre entrando añade un giro inesperado que deja con la boca abierta. ¡Imposible no quedarse enganchado!