La tensión en este pasillo es insoportable. Ver cómo él la suelta y se marcha con esa mirada fría duele más que un grito. Ella se queda ahí, con esa elegancia rota y el corazón en la mano. La llegada del otro chico con gafas añade un giro inesperado, como si el destino jugara con ellos. En Mi novio es un hombre lobo, cada silencio grita más que las palabras. La química entre los actores es eléctrica, y ese final con la superposición de rostros deja un nudo en el estómago. ¿Será el comienzo de un triángulo o el fin de un amor?