¡Qué tensión en el concesionario! La actitud de la vendedora y la pareja rica hacia Damián es insoportable, pero su calma al recoger la tarjeta del suelo demuestra que tiene un as bajo la manga. Me encanta cómo maneja estos giros dramáticos donde el protagonista humillado resulta ser el verdadero jefe. La escena de la terminal de pago es puro oro, y ver a la chica en rojo preparándose para grabar la humillación ajena añade un toque de crueldad muy real. ¡Espero que la transacción falle estrepitosamente para ellos!