La tensión en esta escena es insoportable. Ver a Elena Salazar siendo humillada mientras la otra mujer observa con frialdad duele, pero la llamada telefónica cambia todo. La transformación de víctima a reina del juego en Solo yo, arrasando todo es magistral. El contraste entre la impotencia inicial y el lujo final demuestra que el verdadero poder reside en la paciencia y la estrategia. ¡Qué final tan satisfactorio!