¡Qué satisfacción ver cómo la arrogancia se desmorona! El jefe de traje verde creía tener el control total en la sala de juntas, humillando a todos con su prepotencia. Pero la tensión se cortaba con un cuchillo hasta que la verdad salió a la luz. La escena donde lo sacan los guardias es épica, pasando de la risa burlona al pánico absoluto en segundos. Verlo fuera, intentando justificar su fracaso mientras sus secuaces tiemblan, es el mejor final posible. En Solo yo, arrasando todo, la justicia poética nunca decepciona y te deja con una sonrisa de oreja a oreja.