La tensión en esta escena es insoportable. Ver a la criada servir el agua con esa mirada de dolor mientras él la ignora por completo me rompió el corazón. Él parece disfrutar del juego de poder, pero cuando pone esa manta sobre la otra mujer, se nota que hay algo más profundo. La escena final en el balcón, con ella observando en silencio, es puro drama visual. Definitivamente, Solo yo, arrasando todo sabe cómo construir un conflicto emocional que te deja pegado a la pantalla sin parpadear.