La tensión se corta con un cuchillo cuando ella entra con ese traje beige impecable. La dinámica de poder cambia al instante, dejando al hombre de blanco visiblemente nervioso y a su acompañante en shock. Es fascinante ver cómo un solo gesto de autoridad puede desmoronar la fachada de los demás. La escena donde ella lo defiende con tanta frialdad es pura satisfacción dramática. Definitivamente, momentos como este en Solo yo, arrasando todo son los que me mantienen pegado a la pantalla esperando el siguiente giro inesperado en esta oficina llena de secretos.