La tensión en el coche es insoportable. Mientras ella sonríe con malicia desde atrás, la chica de la chaqueta marrón sufre en silencio hasta que la expulsan bajo la lluvia. Verla toser sangre sola en la calle mientras ellos siguen cómodos dentro duele en el alma. Esta escena de Siempre fui la abandonada define perfectamente el dolor de ser la extraña en tu propia historia.