La tensión en esta escena es insoportable. Ver a la madre tan desesperada por detener a su hijo mientras él intenta irse con otra chica rompe el corazón. La actuación de ella transmite una angustia real, especialmente cuando lo agarra del brazo llorando. Es un momento clave en Siempre fui la abandonada que muestra el dolor de una familia rota. El coche negro alejándose simboliza perfectamente cómo se llevan su felicidad.