La tensión en esta escena de Siempre fui la abandonada es insoportable. La chica con el traje de lunares pasa de la tristeza a una risa casi maníaca, mientras él, atrapado entre dos mujeres, termina escupiendo sangre. Es un drama familiar explosivo donde los secretos del pasado, representados por esos niños en la escena retrospectiva, destruyen el presente. La actuación es tan intensa que duele verla.