La tensión en Siempre fui la abandonada es insoportable. Ver cómo la madre manipula la situación con esa sonrisa fría mientras el hijo intenta proteger a la chica en silla de ruedas me tiene al borde del asiento. El momento en que aparece la camilla con el cuerpo cubierto cambia totalmente la atmósfera, pasando de un drama familiar a un misterio oscuro. La expresión de conmoción en el rostro del protagonista al final lo dice todo, y no puedo esperar para ver cómo se desarrolla esta traición.