La escena de la tormenta en ¡Sométanse, mis hombres bestia! me rompió el corazón. Ver a la chica conejo cubierta de barro, llorando bajo la lluvia mientras intenta salvar a su compañero, es de una intensidad emocional brutal. La aparición de esa pequeña criatura azul añade un toque de ternura en medio del caos. El momento en que el sistema le pregunta si quiere regresar es desgarrador; se nota que sus recuerdos felices pesan más que el miedo. Una obra maestra visual que te deja sin aliento.