¡Qué atmósfera tan mágica! La escena inicial con los chicos comiendo junto a la hoguera establece una camaradería perfecta antes de que llegue el drama romántico. La interacción entre la chica conejo y el chico lobo bebiendo cerveza es hilarante y muy humana. Pero el verdadero clímax es la llegada del protagonista de ¡Sométanse, mis hombres bestia! con esos fénix; la tensión amorosa se dispara cuando ella recibe el regalo. Verlo sonrojado al final es el detalle que cierra esta joya visual con broche de oro.