La tensión en esta escena es insoportable. Ver cómo la protagonista pasa de la calma a un terror absoluto al abrir esa caja es una actuación magistral. Los recuerdos del accidente y la nota con sangre conectan perfectamente con el drama de Llevo tu luz, mi hija. Ese giro final donde se da cuenta de que la culpan de algo terrible deja el corazón en un puño. La atmósfera opresiva y el misterio del paquete hacen que sea imposible dejar de ver.