La tensión en esta escena es insoportable. Ver a la mujer de rosa pasar del llanto a la acusación furiosa mientras el hombre intenta mantener la compostura es fascinante. La llegada de la mujer de azul con esa mirada fría cambia totalmente la dinámica del velorio. En Llevo tu luz, mi hija, cada silencio grita más que las palabras. La fotografía resalta perfectamente la opulencia del entorno contrastando con la miseria moral de los personajes. ¡Qué drama tan bien construido!