Ver a ese hombre tan serio y elegante derrumbarse al leer un certificado de defunción es desgarrador. La niña, con su inocencia, parece ser el fantasma de su pasado o quizás una segunda oportunidad. La transición de la calma en la biblioteca al caos emocional del accidente es brutal. En Llevo tu luz, mi hija, cada detalle cuenta una historia de dolor y redención que te deja sin aliento.