La tensión entre la doctora y su paciente es insoportable. Ver cómo él se despierta y la mira con esa intensidad mientras ella intenta mantener la compostura profesional es puro fuego. La escena donde él se quita la venda y sonríe con picardía demuestra que sabe exactamente el efecto que tiene en ella. Definitivamente, Hazla perder el control captura esa dinámica de poder prohibido a la perfección. El final en el pasillo con el traje azul añade un giro inesperado que deja con ganas de más drama.