La tensión entre Mateo y la doctora es palpable desde el primer segundo. Ese reencuentro en el pasillo del hospital, con ella llamándolo por teléfono mientras él ya está ahí, es puro drama bien construido. La mirada de la enfermera con mascarilla dice más que mil palabras: sabe algo que ellos aún no entienden. Y esos flashbacks… ¡ay! Verlos jóvenes, compartiendo momentos tan íntimos, hace que todo cobre sentido. Fuiste mi universo entero no es solo un título, es una promesa que el tiempo no pudo romper. La química entre los protagonistas te atrapa sin esfuerzo.