Ver a Liana salir con su maleta y el certificado de divorcio en mano ya me tenía preparada para un drama clásico, pero nada me preparó para el secuestro repentino. La transición de la tristeza a la tensión es brutal. Me recuerda a cuando vi El millonario fugitivo se convierte en mi esposo, donde las sorpresas nunca terminan. La madre ayudando al hijo a levantarse de la silla de ruedas con esa mirada cómplice da mucho miedo, ¿qué le estarán preparando a la pobre chica atada en la cama?