La tensión en El casero del apocalipsis es insoportable. Ver al protagonista montando ese jabalí mientras grita con el megáfono me puso la piel de gallina. La escena donde la madre abraza a su hija llorando rompió mi corazón, y ese comandante sudando y gritando da miedo real. La animación captura perfectamente el caos y la desesperación de la huida masiva. Cada fotograma duele pero no puedo dejar de ver.