La tensión en El casero del apocalipsis es brutal: un tren rojo avanza por un desierto helado mientras miles de zombis con ojos amarillos cargan sin piedad. Los pasajeros, aterrorizados, lloran y gritan, pero el protagonista de cabello blanco sonríe como si todo fuera un juego. Cuando activa las armas del tren y los cadáveres explotan en oro, uno no sabe si reír o temblar. La escena final con el sol y el texto 'primera temporada concluida' deja con ganas de más. Verlo en netshort fue una montaña rusa emocional