La tensión entre el chico de pelo blanco y el líder de las rastas es simplemente eléctrica, una mezcla perfecta de odio y locura. Ver cómo la historia salta de un drama personal a un apocalipsis zombie con ese policía transformado es brutal. La escena donde el edificio se ilumina en rojo y aparecen esos monstruos con ojos brillantes me dejó sin aliento. En El casero del apocalipsis, la atmósfera de terror se siente tan real que casi puedo oler el miedo. ¡Qué final tan intenso!