La escena del reloj de bolsillo en (Doblado) Un hogar que perdimos me rompió el alma. Diego entregando ese recuerdo a su madre con tanta ternura, solo para que luego esa misma mujer lo humille frente a todos... ¡qué crueldad! La transición de amor filial a odio puro es brutal. Verlo arrodillado mientras ella se ríe como loca da escalofríos. Ese detalle de que colgó la última llamada de la anciana es el golpe final. Una obra maestra del dolor emocional que te deja sin aire.