La escena de Eva arrodillada con el cartel es desgarradora, pero la frialdad de John al verla desde la ventana duele más. En Adiós, mi esposa tentadora, el giro del cáncer cambia todo: ya no es orgullo, es urgencia. Amy llorando al leer el informe médico me partió el alma. ¿Perdonará John antes de que sea tarde? La tensión emocional está perfectamente dosificada.