La tensión en la cocina es palpable mientras Eva lucha por su ascenso a directora de operaciones, pero la verdadera bomba es la llamada de Phil. Ver cómo Miya manipula la situación desde la distancia mientras John bebe su café con una sonrisa cómplice es puro veneno dramático. En Adiós, mi esposa tentadora, las alianzas cambian más rápido que el clima, y esa mirada final de John lo dice todo: esto apenas comienza.