La escena de la puerta es oro puro: el mayordomo Phil, elegante pero tenso, recibe a las limpiadoras como si fueran espías. Su llamada a Bert para vigilarlas revela una paranoia cómica que encaja perfecto con el tono de Adiós, mi esposa tentadora. Las chicas, con escoba y cubeta, no se dejan intimidar y exigen pago extra —¡qué actitud!—. El contraste entre la fiesta lujosa dentro y la tensión en la entrada crea un ritmo hilarante. Me encanta cómo cada gesto y mirada cuenta más que los diálogos. Ver esto en netshort fue como meterme en una comedia de errores con clase.