Phil intenta salvarse con una excusa ridícula sobre la lotería, pero todos saben que robó los salarios. La tensión en Adiós, mi esposa tentadora es brutal: gritos, acusaciones, manos sobre hombros… y esa mujer de rojo que no perdona. Escena perfecta para sentir el caos moral y la rabia colectiva. ¡Qué bien actúan!