La tensión entre ellos era palpable desde el primer segundo. En Abogada de divorcios quiere divorciarse, cada mirada, cada silencio, pesaba más que las palabras. El momento en que él toma su mano y luego la acaricia con ternura... ¡uff! Y ese beso bajo la luz tenue del coche, con la ciudad como testigo, fue puro cine romántico. No hace falta gritar para transmitir pasión; aquí, los gestos hablan más fuerte. La química entre los protagonistas es tan real que te olvidas de que estás viendo una escena. Definitivamente, esta serie sabe cómo jugar con las emociones sin caer en lo cursi.