La tensión en esta escena de Abogada de divorcios quiere divorciarse es palpable. La madre, con lágrimas silenciosas, mira el teléfono como si fuera una sentencia. La hija, elegante pero rota por dentro, se acerca con cautela, como quien teme romper un cristal. No hay gritos, solo miradas que dicen todo. El detalle de la mano sobre la otra al final... ¡uff! Una clase magistral de actuación contenida.