Sometido a ti
Para cumplir la última voluntad de su mejor amiga, Luna acogió a Javier como su tutora. Lo entrenó y moldeó, convirtiéndolo en su arma más afilada para lidiar con las rivalidades familiares. Bajo su estricta guía, él no solo aprendió, sino que desarrolló un sentimiento prohibido hacia ella. Sabiendo que Luna ya estaba comprometida, se acercó a ella, desafiando todos los límites.
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El vino y el silencio en la fiesta de Sometido a ti
En la sala de eventos, con sus mármoles fríos y su candelabro dorado que ilumina sin calidez, se despliega una tensión tan sutil como el aroma del vino tinto que todos sostienen. La mujer con la estola blanca —joyas brillantes, mirada baja pero no sumisa— parece estar escuchando más de lo que dice; cada gesto de sus manos cruzadas es un código cifrado. A su lado, el hombre con traje verde oscuro no bebe, solo observa, y cuando saca el teléfono, no es para distraerse: es para confirmar algo que ya sospechaba. El discurso del hombre con traje azul a rayas finas suena festivo, pero sus sonrisas son demasiado largas, sus toques en el hombro, demasiado intencionados. Entre los brindis y las risas forzadas, hay una historia que nadie nombra: la de quién realmente controla la conversación, quién está esperando la señal y por qué esa copa de vino termina en la mesa sin haber sido probada. *Sometido a ti* no se trata solo de poder, sino de cómo se lleva el peso del silencio cuando todos están hablando.