Sometido a ti
Para cumplir la última voluntad de su mejor amiga, Luna acogió a Javier como su tutora. Lo entrenó y moldeó, convirtiéndolo en su arma más afilada para lidiar con las rivalidades familiares. Bajo su estricta guía, él no solo aprendió, sino que desarrolló un sentimiento prohibido hacia ella. Sabiendo que Luna ya estaba comprometida, se acercó a ella, desafiando todos los límites.
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El peso de un expediente en una fiesta de lujo
En Sometido a ti, la tensión no proviene de gritos ni de puertas que se cierran, sino de una carpeta azul que cambia de manos como si fuera una bomba de relojería. El joven vestido con traje gris, con esa mirada que mezcla arrogancia y cansancio, entrega el documento con calma calculada; la mujer de negro, con su collar de esmeraldas y guantes de piel, lo recibe como si estuviera leyendo su propio destino. Sus dedos tiemblan ligeramente al hojear las páginas —¿es miedo o satisfacción?— mientras el público, sentado como en una subasta silenciosa, observa cada gesto: el hombre del traje beige que se levanta de pronto, la chica de blanco que aprieta su clutch como si fuera un escudo, el apretón de manos que no denota acuerdo, sino rendición. La escalera dorada al fondo no simboliza ascenso, sino caída controlada. Aquí, el poder no se gana con discursos, sino con un simple «aquí está» y una sonrisa que no llega a los ojos.