La tensión en El visitante invisible es insoportable. Ver al hombre retorcerse en el suelo mientras ella observa con esa mirada fría me puso la piel de gallina. El momento en que ella toma el jarrón y corre hacia la puerta es puro caos emocional. No sabes si huye o busca ayuda, pero su expresión de terror al abrir la puerta lo dice todo. Una escena que te deja sin aliento y con ganas de saber qué hay detrás de esa puerta roja.