La tensión entre los personajes es palpable desde el primer segundo. Él finge vulnerabilidad, ella duda… hasta que la sangre y el cuchillo revelan la verdad. La escena final, con él riendo mientras ella huye, es escalofriante. En El visitante invisible, cada gesto cuenta una mentira distinta. La actuación del protagonista masculino es tan convincente que casi lo crees víctima. Casi.