Ver a Cecilia aferrarse a la túnica del emperador mientras su madre yace en el suelo es una escena que duele en el alma. La tensión en la corte es palpable y la frialdad del gobernante contrasta brutalmente con el dolor de la pequeña. En (Doblado)Mis ojos en tus manos, cada mirada y cada lágrima cuentan una historia de injusticia y desesperación que te deja sin aliento.