La tensión en el camerino es palpable antes de que comience la función. Ver cómo la protagonista transforma sus nervios en arte sobre el escenario es conmovedor. La audiencia, especialmente ese chico de traje oscuro, no puede quitarle los ojos. Esta mezcla de drama personal y competencia artística en Amor mientras crece el odio mantiene el corazón acelerado. El baile es etéreo, pero las miradas entre los personajes cuentan una historia mucho más compleja y dolorosa que cualquier paso de danza.